CARNE DE RES
Dada su versatilidad en la
cocina y su terneza el
solomillo es el corte de vacuno más preciado, no solo por los
consumidores, sino de muchos cocineros. El solomillo es un músculo que, por su
situación (bajo las vértebras lumbares, entre el lomo y las costillas) trabaja
muy poco, de modo que esa carne resulta siempre muy tierna. Además, es una
carne magra, con muy poca grasa; y una grasa que se separa con toda facilidad
del músculo. El del un animal adulto puede pesar entre los dos y los tres kilos
y se puede utilizar de muchas maneras. Crudo, por supuesto: el carpacho
original, o en pieza entera, ya sea al desnudo o envuelta en hojaldre,
convertida en esa delicia que denominamos Wellington.
Lo que no siempre es tan
conocido, y se toma la parte por el todo, es que la pieza consta de tres
cortes: la cabeza, de la que salen muy buenos filetes; el corazón, del que
proceden las piezas quizá más prestigiosas, como son el chateaubriand (que debe
tener sus buenas cinco centímetros de grosor) o el menos imponente tournedos.
Todas ellas de excelente calidad y de exquisito sabor,
Dicen los que saben, que
ni los más potentes condimentos reemplazan los sabores naturales inmersos en
una carne madurada. El
tema tiene sus páginas en la memoria gastronómica del mundo. En su libro La cocina y los alimentos,
el veterano escritor gastronómico Harold McGee relata que hace más de un siglo
ya tenía lugar un proceso similar, que consistía en dejar los cortes a
temperatura ambiente por varios días. Los
chefs de la época habían descubierto que la práctica concentraba los aromas y gustos
de la res en el plato. Luego, en la década de 1950, la técnica era conocida
popularmente como meat
hanging (colgar la carne), pues los carniceros utilizaban
refrigeradores con ganchos para esperar el añejamiento de los trozos, que
tomaba varios días.
A pesar de los tenedores entusiastas, el proceso planteaba un costo muy alto para el comensal, por lo que en los años 60 su demanda decayó dramáticamente.
A pesar de los tenedores entusiastas, el proceso planteaba un costo muy alto para el comensal, por lo que en los años 60 su demanda decayó dramáticamente.
El resultado era conocido
como dry aged beef o
‘carne madurada en seco’.
En su lugar, surgió una
técnica similar que lograba también la terneza y sabores deseados, pero tomaba
menos tiempo y resultaba más económica.
El wet aged beef, o
‘maduración húmeda’, surgió como una alternativa.
La maduración de los
cortes –en cualquiera de sus formas– busca explorar las características
organo-lépticas de la carne. El método para el wet aged y el dry aged es similar en algunos
aspectos. En ambos, luego de despostar y cortar el animal, el resultado se
cuelga en ganchos, dentro de refrigeradores cuya temperatura varía de 1,5 ° a 4
°C. Luego del
sacrificio, la carne comienza a experimentar el denominado rigor mortis, que el
almacenamiento acelera. Dicho fenómeno da lugar a la producción de ácido
láctico, que provoca el ablandamiento de fibras musculares y la ruptura de
tejidos conectivos, tornándola más tierna. La pérdida de líquidos –que
tiene lugar luego de 12 días– concentra el sabor natural. Es en este aspecto que
los dos tipos de añejamiento se diferencian sustancialmente. La maduración en
seco requiere de un flujo de aire permanente que estimule la generación de
vapor. Esto provoca la denominada merma, que se refiere a una disminución de
15% del tamaño de la carne. Para
evitar la deshidratación y la merma, el wet
aged se lleva a cabo con empaques al vacío, en los que se
almacena la carne por un período menor de tiempo, pues dada la falta de
oxígeno, la maduración ocurre más rápidamente.
Pero el verdadero logro es
que los líquidos se preservan y el volumen también. La maduración húmeda se
popularizó por su menor coste en todos los aspectos. No obstante, los
conocedores defienden el dry
aged beef como el método más efectivo para degustar los trazos
profundos en cada corte, pues su almacenamiento, incluso de meses, permite
alcanzar aromas similares a la nuez y el queso. Acompañada de un vino de
suaves taninos, redondo y untuoso en boca, la carne sazonada con el transcurrir
del tiempo es una tentación de la que solo podemos librarnos –como dijo Oscar
Wil-de– cayendo en ella.
Los conocedores defienden
el dry aging beef como el método más efectivo para degustar los trazos
profundos en cada corte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario